Como triunfar en la vida - Lección 2

Existen cantidad de teorías que nada resuelven y todo lo complican. El animal intelectual, falsamente llamado hombre, se siente muy orgulloso de su razonamiento subjetivo y miserable que nada resuelve y todo lo complica.
El tremendo batallar del pensamiento ha demostrado, en la práctica, ser precisamente el menos indicado para resolver problemas.
La mente crea problemas que no es capaz de resolver, ése es un juego de mal gusto.
El batallar de los razonamientos es egocentrismo en su naturaleza íntima. Nosotros necesitamos de una nueva facultad que no sea egocéntrica.
Necesitamos que pase la batalla y que el pensamiento quede quieto y sereno; esto sólo es posible comprendiendo muy a fondo todo el mecanismo de la razón subjetiva y miserable.
En la serenidad del pensamiento nace en nosotros una nueva facultad, el nombre de dicha facultad es INTUICIÓN. Sólo la intuición puede resolver problemas.
Es obvio que si queremos desarrollar esta nueva facultad necesitamos primero comprender a fondo ese complicado mecanismo asociativo de la razón subjetiva. El centro básico de la mecánica razonativa es el Yo Psicológico. Dicho centro es egoísta y por ello jamás puede resolver problemas.
Todo problema ha sido creado por la mente y existe mientras la mente lo sostenga. Todo problema es una forma mental que la mente sostiene. Toda forma mental tiene un triple proceso: surgimiento, subsistencia y disipación.


Todo problema surge, subsiste y luego se disipa. El problema surge porque la mente lo crea, subsiste mientras la mente no lo olvide y se disipa o disuelve cuando la mente lo olvida.
Cuando el pensamiento cesa, nace en nosotros la beatitud y después la iluminación. Antes de llegar a la iluminación debemos pasar por la beatitud. Son tres las fases de transformación: No pensamiento, beatitud, iluminación. La intuición es iluminación. Todo iluminado resuelve los más difíciles problemas.
Realmente los problemas dejan de existir cuando los olvidamos. No debemos tratar de resolver problemas, debemos disolverlos. Ellos se disuelven cuando se olvidan. El problema es una forma mental ultrasensible con dos polos, uno positivo y otro negativo.
No tenga usted miedo, olvide el problema, así se disolverá el problema. ¿Sabe usted jugar ajedrez? Una partida de ajedrez no le resultaría mala para olvidar el problema, o tómese un café o un buen té y luego váyase a una alberca a nadar, o suba a una montaña y ríase un poco, reír le siente bien y hace que olvide el problema.
En cualquier instante, una corazonada y quedó resuelto el problema; tal vez la solución no sea de su gusto pero lo cierto es que se resolvió el problema, o mejor dijéramos, se disolvió.
Un sabio dijo: «Ocúpate de las cosas antes de que llegue a existir, allí está la solución. Porque el problema, no lo olvidemos, ha nacido y tiene existencia en la mente.
Llueve y usted ha dejado su paraguas en la casa, esto no es problema en sí mismo, tampoco el hecho de que tenga deudas, haya perdido su trabajo y se le apremie para que pague.
Estos hechos son relativamente ciertos en un mundo relativo, pero los problemas son algo que usted, por lo tanto, debe matar antes de que nazcan o solucionarlos más tarde recordando que cuanto más tiempo dejemos pasar mayor será el gigante que debemos abatir.»
El miedo es nuestro peor enemigo. Al demonio del miedo no le gusta que nosotros resolvamos problemas.
¿Tiene Ud. miedo de que lo lancen a la calle por no tener dinero para pagar el alquiler de la casa? ¿Y si lo lanzan? ¿Qué? ¿Sabe Ud., acaso, qué nuevas puertas se le abrirán? La intuición sí lo sabe y por ello es que el intuitivo no tiene miedo. La intuición disuelve problemas.
¿Tiene Ud. miedo de perder el empleo? ¿Y si lo pierde qué? ¿Sabe acaso qué nuevo trabajo habrá para Ud.? La intuición sí lo sabe y por ello el intuitivo no teme.
Cuando termina el batallar del pensamiento nace la intuición y termina el miedo. La intuición disuelve los problemas por muy difíciles que éstos sean.

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